lunes, 9 de abril de 2012

Heme aquí señor otoño

Heme aquí señor otoño, reclamé. Este año soy yo quien ha venido a buscarte, continué. Son las mañanas frescas que tú me traes las que pienso desafiar. Esas mañanas donde diez minutos más en una cálida cama valen más que todo el oro. Serán entonces esos instantes de sol en la cara los que iré a buscar a pesar de tus tormentas. Esos soles de mayo, con sus aires de revoluciones pasadas, asomando después de las frías gotas que tus cielos dejan caer tan seguido en estas épocas. Esta vez, tus noches, más noches que ayer, no quitarán mi sueño llenando mis pensamientos con lo inmenso de lo oscuro de esas horas, eso se lo dejo al invierno que te gana ampliamente. No he llegado hasta aquí para cuestionar tus paisajes de ramas desnudas con aires de soledades ansiosas y amarillas hojas que pretenden resistirse a caer como caen cada año. Ya no me importa si son tristes o pintorescos los caminos que recorro, este año simplemente en ellos me perderé, hasta encontrar la huella que me guie. Haré de mi casa un refugio de los caprichos de tú clima, será mi cama la mejor fortaleza jamás construida y dejaré que tus vientos toquen sus músicas en los recovecos de las casas. Pero son tus mañanas las que me ocupan, esas mañanas en las que habré de luchar para llegar a destino. Serán las pesadas ropas las que harán las veces de escudos durante estos tiempos de batallas diarias y tempraneras. Serán victorias las que cantaré alzando una taza colmada del té más cálido que jamás se haya tomado una persona. Es por eso que aquí te busco, señor otoño, para avisar de mi desafío a tus mañanas frescas.

sábado, 24 de marzo de 2012

24-03

Cuando escucho cosas malas, pienso en la maldad y lo básico de su existir. La maldad puede ser una decisión, puede ser un acto hecho a todas luces, una idea.
Saber que tus pasos serán los últimos sonidos que alguien escuchará. Saber que tus ideas apagan luz, esa que llevamos dentro. Que un último aliento ajeno es tu idea. Que los gritos, las suplicas, los llantos son tus medios para tu idea. Esa idea que destroza corazones y viola pensamientos, que aniquila gentes, que nos aniquila de a uno, de a cien, de a miles, a los que no supimos de maldad hasta que tus ojos llegaron. Esos ojos que vinieron a robarse los cuerpos, esconder las almas, llenar de silencios miedosos los rincones de las casas. Tu idea, esos tipos cortando carnes, quemando carnes con la las luces, esas luces que usaste en un estadio, lleno, siempre lleno. Esa idea que no le importa que la muerte y las madres de izquierdas y derechas no entiendan nada, que la muerte sólo llega y que las madres sólo quedan. La maldad, la inexpugnable maldad de tu idea que oscurece cada cielo en cada vuelo de esos tantos que sabemos pasaban por arriba de los techos de millones. Esa, tu idea, que hoy me quiere con los ojos llenos de rabia, pero hoy mis ojos tienen lágrimas por el recuerdo de aquellos, que el inexpugnable soy yo ante tu maldad y que nunca, pero nunca más verás a un pueblo de rodillas ante el frío del metal que representa tu puta idea.

lunes, 23 de enero de 2012

Un día pasé cerca de un hombre que dormía en la calle

Un día pasé cerca de un hombre que dormía en la calle, era veinticinco de diciembre como a las seis de la mañana. El hombre sólo estaba tirado en un pedazo de colchón maltrecho vestido con harapos viejos y sus pies mirando el cielo. No creo que él me haya visto pasar, tampoco pasé tan cerca y mucho menos notoriamente, sólo lo hice como lo hacen tantos. Tan sólo pude verlo unos instantes, pero logré pensarlo un buen rato. No sé si fue la fecha, que tiene esa costumbre de rodearnos de nosotros, no sé si fue la hora, que suele estar acompañada por resabios de los brindis, no sé si fue la calle, que era la misma nada y por donde todo pasa. Ya no recuerdo con exactitud lo que pensé en ese momento, creo que fue una mezcla de pena e intriga por la historia de aquel hombre y mi imaginación potenciada por mitos de personas que han perdido feo y se dejan o deciden terminar ahí, en la vereda, hasta el fin de sus días. Son mis ideas las que vuelven y tratan de acercarme a aquel momento para encontrar un justificativo en mi desconocimiento de la vida de ese tipo. Son esas ideas que me proponen imaginarme vistiendo sus ojos durante las horas previas a mi paso. Pienso, por ejemplo en la relevancia de las doce campanadas de esa noche de verano, de cómo no le importa que lleguen las doce y no esté listo para el brindis. Del deseo de una buena comida a la hora que sea, por lo menos hoy, que parece ser un día que muchos esperan y preparan. Sin embargo, la idea de una decisión personal se acerca y me muestra que la fecha significa algo para mí y nada para él. De cuantas veces habrá dicho o recibido ese tan mencionado deseo de una feliz noche buena, habrá sido una noche buena o simplemente un momento más en ese continúo pasar del tiempo. Pienso, inocentemente, si pasar la vida en un colchón en el piso es bajarse del sistema o si es ser la resaca, lo que deja el sistema. Vuelven los pensamientos de su historia personal y vuelvo a vestir sus ojos. Es una noche en la que muchos no duermen, el día trae una ciudad vacía y se hace largo periodo donde el sol reina, me pregunto si la tranquilidad de la dormilona ajena le trae paz a su descanso o el pasar de miles de gentes lo aleja de su aparente soledad y son fechas de extrañar pasos extraños. Me pregunto si el brillo de sus ojos habrá sido mayor al de esos fuegos artificiales de aquellos que celebran con pólvora y colores en el cielo. La contundencia del final de un año puede ser tan ínfima cuando el mañana nunca llega y pasar de hoy suele ser el desafío, o lo que espera es una década y los días son pequeños, sin mucha trascendencia. Mis recuerdos se hacen claros y las imágenes de las cuadras caminadas son más vívidas, el pensar en lo importante es lo que me acompaña, qué tendrá verdadera importancia para él. Que relativas y banales son mis prioridades, pienso y me exijo cual borracho jura no beber más luego de una fuerte resaca. Pero toda mi imaginación, mi sentir del momento se topa con una simple incógnita que puede cambiar todo mi parecer, es o no su decisión vivir así. Nuevamente, me dejo llevar por mi ingenuidad o una engañosa esperanza de que esas sean, de hecho, sus posibilidades.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Septiembre

Yo si sé cuando me miento, sobran pruebas en mis intentos de creer en verdes paisajes de calles soleadas. Sé que corro tras la luz mirando al cielo, esperando que el celeste quite el peso de convivir con lo oscuro de una noche melancólica. Si, es cierto que me engaño, añorando primaveras de positivas elucubraciones. Esas ansias de salir con la sonrisa marcada de oreja a oreja, escuchando uno de esos grandes discos que me suele acompañar. La verdad que las largas noches sin consuelo de viejos dolores son iguales todo el año. Si mi compañía es una simple acumulación de almohadas en una inmensamente cómoda y fría cama y la velocidad en la que me enredo en las sábanas es lo cercano que me queda, claramente es un engaño. Un engaño que alimenta la esperanza de que los cambios de septiembre traigan un perfume que desconozco al que haré mi favorito. Simplemente el clima, ese buen clima, me incentiva a salir a caminar sin temor a manos frías por las tardes largas que se avecinan. Son los días de septiembre que me mueven de los infinitos anocheceres de un invierno que siempre parece extenderse más de lo que uno quisiera. Pero en lo constante del tiempo reza su aterradora y esperanzadora realidad, por lo que a septiembre solo resta esperarlo, con sus primeros colores y aires livianos, esos que cambian el engaño por la queja de una mancha en el lente de unas gafas oscuras y las ropas que ya no cubren mis brazos y piernas. Es entonces cuando ese gris personaje que puedo ser se transforma en un niño dueño de una mueca divertida que va vistiéndose como un hombre con el paso de los años. Si, es cierto que me engaño nuevamente, pero el invierno se despide y aligera mis pasos, hoy con eso me conformo.

sábado, 28 de mayo de 2011

Insomnio

Cada vez que apago la luz al final de un viejo día, me escondo en la oscuridad del deseo de uno nuevo y brillante. Como si el sol fuera a fallarme temo por un segundo, pero la ansiedad de volver a empezar me hace las veces de aliada y la espera por el amanecer se transforma en un dulce recuerdo de los errores que no volveré a cometer. Las incontables veces que se repiten frases de optimismo parecen mantras salidas de libros de autoayuda. La mirada fija al techo y el silencio de mi pequeño entorno hace de mi respiración una respuesta superadora a la nada reinante. Lo que a veces un hallazgo de sábanas frescas en el lado opuesto de la cama, ahora parece un espacio sin sentido, lleno de un vacio que exige a mis brazos extender su longitud en búsqueda de un poco de calor ajeno. Es ahí cuando los músculos de mi cuello se contraen para llevar mi cabeza hacia un costado y con ella mi mirada vuelve a perderse en el espacio del cuarto, pero son otros músculos los que se contraen para cerrar mis ojos y forzar un sueño de manos tomadas y suaves abrazos para ahuyentar las pesadillas de jornadas pesadas. Una vez más, como siempre, la realidad abre mis ojos y el sueño deseado se queda en deseo. Las mil formas de relajación parecen semillas en tierras áridas con cielos claros, donde el insomnio se burla de todos los intentos. Y así, como siempre, juego a entretenerme con recuerdos que me roban una sonrisa o me auguran una amargura, mostrándome imágenes pasadas en una calidad inigualable, llevándome a esas inevitables preguntas existenciales de arrepentimientos inútiles y su imposibilidad de cambio. Mientras tanto, el tiempo continúa su inquebrantable marcha hacia la repetición de su eterno ciclo de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, lustros y demás. Todo lo complejo de una simple espera, queda librado al poder del insomnio, que se atreve a reinar en mí, pero como aquello que tiene un final en su ser, la batalla es ganada por el sueño, que aparece casi como si nunca lo hubiera buscado y el descanso se hace presente una vez más, sólo para ser interrumpido por lo cotidiano un despertar que marca un nuevo comienzo.

jueves, 27 de enero de 2011

"Salto de fe"

Hace tiempo que no hago esto, debe ser por alguna razón, es decir, ¿por qué si no? Pero para respuestas tengo tiempo. Por ahora solo vuelvo.
Siempre que me encuentro con esta sensación de necesidad de decir, contar, mostrar algo, circulo por una delgada línea. Esa delgada línea que de un lado tiene a alguien mostrándose como quien que sabe lo que hace y del otro lado a alguien con temor de mostrar lo que cree que sabe. Entonces, sólo entonces, camino por esa línea sin mostrar nada de eso, pero sin temor a hacerlo.
En los últimos tiempos, digamos, he recobrado cierto interés en aprender, en buscar el saber por el saber mismo. Este interés me lleva a volver a leer discusiones que tenia descuidadas, a buscar distintas interpretaciones de temas que pueden enriquecer posturas que uno tiene ante “la vida misma”, cosas como recuperar viejos teóricos que vieron estructuras o funcionamientos en lugares que hoy son esenciales para el funcionamiento de, pongámosle, el Estado. Cosas como volver a leer una noticia desde distintas ópticas para poder analizar y generar una nueva y más sólida visión al respecto. Puedo comenzar, por ejemplo, con el caso wikileaks, que tiene interpretaciones que van desde un simple descuido de alguien que tomo estado público hasta teorías conspirativas globales, o puede darnos una idea del manejo del flujo de información por parte de los medios a nivel internacional, puede también llevarnos a confirmar sospechas o a levantar sospechas respecto al funcionamiento de la verdadera diplomacia. En fin, una sola interpretación del tema, sería cuando menos mezquina. Pero no quiero hoy profundizar en ningún tema en particular, sólo intento mostrar que mi espíritu inquisidor, léase curioso, aún ronda mi ser. Porque el preguntarnos por qué las cosas son como son y no de otra forma puede llevarnos a distintos tipos de respuestas, que a mi entender son las básicas. La primera de ellas es que no hay respuesta, pues, hay cosas que son como son, solo porque si y no hay más que llegar a aceptarlas. La segunda es la más esperada de las respuestas, o sea, encontrar la respuesta esperada, suena redundante, pero es así. Generalmente preguntamos algo esperando cierta respuesta determinada, determinada por nuestra lógica de pensamiento o lisa y llanamente por nuestra forma de pensar (o algo así). Luego, tenemos la respuesta que no deseamos tener, la que nos dice una mala noticia, que hemos cometido un error, etc. Y finalmente, tenemos la respuesta que nos sorprende, esa que no sabíamos si esperar o no, esa que se da cuando hacemos lo que me gusta llamar “un salto de fe”, si bien puede parecerse a la respuesta esperada no es el caso, ya que la duda es el principal ingrediente que esta contiene y lo que busca no es reafirmar un conocimiento previo, si no, simplemente echar luz sobre un asunto, una situación, o cualquiera sea el caso.
Lo que nos motiva, nos acciona a realizar estas preguntas es el coraje a enfrentar una respuesta inesperada, es esa acción que, repito, me gusta llamar “salto de fe”, es eso de tomar riegos necesarios o innecesarios, eso que hace la vida más interesante. En definitiva, eso que nos hace llegar más lejos, darnos vuelta y ver que el que sólo había que jugársela un poco, que avanzar ciegos no hace ver otras cosas, auque sea la cara del medico preguntándonos si estamos bien.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Las dos caras de una encuesta

Secuencia encuestador:
Encuestador: Bueno, meto un último llamado y ya, que no me jodan más
Encuestador2: si, ya casi es hora, no aguanto más, pero por suerte es viernes
Encuestador: si, que bueno, viernes al fin, semana larga
Encuestador2: Buenas tardes mi nombre es Javier y llamo de una consultora de opinión publica para hacer una breve encuesta, dispone de un par de minutos para responderme unas preguntas?
El primer encuestador marca un número de celular: suena tres veces y atienden.
Encuestador: Buenas tardes, mi nombre es Luis y llamo de una consultora de opinión publica para hacer una breve encuesta, tiene un par de minutos para responder?
Encuestado: una encuesta? Y cuanto dura?
Encuestador: dos minutos.
Encuestado: Dale
Encuestador: primero dígame si vota usted en la ciudad de Buenos Aires?
Encuestado: Dame un segundo (se lo escucha hablar con otra persona, no se entiende lo que dice), si, voto en capital.
Encuestador: Muy bien, para comenzar le pido que me responda en una escala de uno a cinco cuanto cree que ha aumentado la inseguridad en el último año?
Encuestado: Y, creo que bastante, ponele un 4
Encuestador: Ahora le voy a mencionar unas frases que nos dieron otros encuestados y le voy a pedir que me diga que tan de acuerdo o en desacuerdo se encuentra con estas frases, para esto le pido me conteste usando la siguiente escala: algo de acuerdo, de acuerdo, bastante de acuerdo o muy de acuerdo
Encuestado: Bien
Encuestador: la primera frase dice “la cosa esta cada vez peor, ya no se puede salir a ningún lado”
Encuestado: Y, bastante de acuerdo
Encuestador: La segunda frase dice “acá lo que hace falta es mano dura”
Encuestado: Si, muy de acuerdo
Encuestador: La tercera dice “la culpa es del gobierno que no hace nada”
Encuestado: bastante de acuerdo
Encuestador: Muy bien. Ahora cambiando de tema, si la elecciones a presidente se efectuaran hoy, usted, votaría a M. M.?
Encuestado: Si, la verdad que si
Encuestador: Podría decirme por qué?
Encuestado: y porque es el único que hace algo para agarrar a todos los chorros, además no es un corrupto, porque ya tiene mucha plata
Encuestador: bien, para finalizar, necesito que me diga su edad.
Encuestado: 34 años
Encuestador: Bien, bueno, le agradezco mucho por su tiempo y su amabilidad, y que tenga un buen fin de semana, adiós.
Encuestado: No, de nada, siempre que puedo contesto, sé que están haciendo su trabajo, suerte y buen fin de semana para vos también! Adiós!
Encuestado: Gracias, adiós
Encuestador corta y mira a su compañero: Ja, que buena onda este tipo, muy amable, me alcanza para arrancar el finde de buen humor.



Secuencia “del otro lado”:
Dos hombres armados entran a un edificio en el centro porteño, suben por el ascensor hasta el piso siete, salen de este y caminan por un largo pasillo hasta el departamento numero 54, tocan la puerta, un hombre de mediana edad atiende la puerta en forma desprevenida, los sujetos ganan su entrada a punta de pistola. Unos minutos después en el interior del departamento:
Un teléfono celular que suena, es una encuesta, el sujeto A decide responderla, el sujeto B pregunta por qué responde, y este le contesta: dame un segundo (al encuestador al teléfono) yo fui encuestador, no sabes que feo que es que no te respondan, están haciendo su trabajo, además a mí no me cuesta nada, son un par de minutos.
B: bueno, si vos decís, yo no tengo apuro y este no se va a ir ningún lado.
B patea a la victima, que ya se encuentra atada y amordazada en el piso mirando con cara de terror, pero a la vez incrédulo, al sujeto A, que mientras responde una encuesta sobre inseguridad presiona su pie en el cuello de la victima.
Dos minutos mas tarde: A, mientras apunta su arma a la cabeza de la victima, se despide del encuestador: No, de nada, siempre que puedo contesto, sé que están haciendo su trabajo, suerte y buen fin de semana para vos también! Adiós!
Corta el teléfono y en un par de segundos se oye un disparo amortiguado con un silenciador, seguido de un breve silencio interrumpido por una risa socarrona de B.
Dos minutos más tarde A y B ya se encuentran en el ascensor:
B: así que fuiste encuestador.
A: si, por unos meses cuando era pibe, eran unos pesos por poco tiempo, después empecé con papá.
B: te aburriste de las encuestas?
A: no, el viejo tuvo un patatús y casi se nos va y hubo que laburar el negocio.
B: bueno, mal no te fue.
A: no, no me quejo. Vamos a tomar un cafecito al bar de Roberto?
B: dale, hoy no nos queda nada, no?
A: no, era el boludo este y la vieja timbera esa, la de la mañana.
B: ah, si, como jodio esa vieja de mierda…

sábado, 24 de julio de 2010

Invierno

Con las manos siempre frías, con los pies siempre fríos, con las orejas siempre frías, caminar por los días del invierno pareciera poco justo.
Es que el sol que nos gobierna parece tan lejano, tan débil, tan fácil de mirar fijo que no pareciera el mismo que en veranos pasados nos cegaba en un instante.
Es que las hojas del otoño ya no están ni en las veredas, solo charcos y esqueléticos árboles esperando ser salvados de la inevitable estación.
Es el invierno quien domina, son sus tardes cortas, sus noches largas, muy largas, es el frío que nos asusta, es la enorme cantidad de ropa que nos abraza y nos incomoda el andar.
Son los paisajes que pierden colores, son los grises que ganan paisajes, todo parece más sucio, aburrido, soso, por así decirlo.
Y dentro los cuartos están las sabanas frías, esas que deseamos compartir, las que nos dan refugio del frío mundo que se asoma en la ventana.
Ese mundo frío que sólo nos invita a quedarnos contemplándolo para dale envidia de ese abrazo silencioso y de miradas perdidas que se gesta en esa cama.
Todo se sumará y terminará de cobrar sentido cuando este invierno nos encuentre caminado un mediodía con un cielo despejado y ese pobre sol disminuido nos ilumine la pálida cara para sacarnos una sonrisa, ese es el instante que debemos ir a buscar.

jueves, 15 de julio de 2010

Pequeñas risas


He notado últimamente una mayor cantidad de pequeñas risas, de esas que solo se escapan, sin permiso ni aviso. No lo sé con seguridad, pero creo que se han incrementado, es más, este incremento es notable. Por lo que deduzco que ya no tengo dudas al respecto. Creo que lo mejor de estas pequeñas risas es la espontaneidad con que se dan, son simplemente eso, pequeñas risas, eso me gusta mucho, su génesis es simple, no dan lugar a segundos pensamientos o complicaciones de cualquier tipo. Son recuerdos que solo vienen, gratos recuerdos, son chistes fáciles, son esa musiquita veraniega que cae en medio del frío invierno para recordarnos que el calorcito llegará, eventualmente, llegará. Son risas que buscan un cómplice sabiendo que el único en la habitación es uno, es esa mirada socarrona que nos permite volver a esa cara de pícaro que teníamos de chico, son esos golpes con dolor a dulce, creados siempre por una torpeza, son el pensamiento que nos lleva a imaginar que pasaría si hacemos una travesura. Como no notar una mayor cantidad de pequeñas risas, si son las que nos alegran el camino, las que nos dan un brillo en la cara, las que nos hace cómplices de nosotros mismos, "que nadie sepa, pero estoy básicamente contento". Para mi esas pequeñas risas me llevan a ser más básico, más simple, es estar contento, por qué, no importa, no lo sé, si hay motivos, son pequeños. Otra cosa que me gusta mucho de estas pequeñas risas es que se van, se van rápido, pero no hay nostalgia o sensación de vacío, solo cumplen su propósito, es más, son perfectas, solo espero que sigan viniendo a visitarme, a alegrarme el día.

domingo, 4 de julio de 2010

Volveremos a ser



Cuando el árbitro señaló el final del juego todo pareció una mentira, esto no es posible, pensé. La desazón de saber el presente, nos quita la posibilidad, la simple posibilidad de una alternativa más cercana a la deseada. Ya hemos pasado por esto, ya sea hace cinco minutos o hace cuatro años, pero ya está, esto parece ser todo por ahora. El futuro solo nos invita a esperar, solo debemos esperar, porque tenemos la suerte de ser simples espectadores y no nos toca trabajar para volver a tener posibilidad de ser otros, de llamarnos campeones o por qué no los mejores. Tenemos la suerte de sabernos con nuevas posibilidades, sabemos que podemos, que ellos pueden, que ellos nos lleven a una nueva contienda, nos den unas nuevas esperanzas. Repito, solo debemos esperar que ellos sepan hacer lo que saben hacer, eso que tanto nos gusta. Guiados por el que será el mejor guía, por el mejor camino posible, con el mejor resultado posible. Somos afortunados, porque sabemos que esa posibilidad volverá solo con esperarla, porque así nos toca ser, buenos en lo que somos buenos. Ellos volverán a dejar dudas, certezas, discusiones, acuerdos, ellos volverán a darnos las polémicas que acaloran nuestras discusiones, como si de decidir el futuro de un Estado se tratase. Solo hemos frenado antes de lo deseado, pero eso es está vez. Hoy nos ataron la garganta, nos golpearon donde, sabemos, duele más. No confundamos un fracaso con una oportunidad perdida, porque perder siempre será una posibilidad más, como lo es ganar, una posibilidad más.
Que jornada gris, que jornada triste, que jornada orgullosa, pero esto ya pasó antes y volverá a pasar, no se ganan todas, pero no se pierden todas, no nosotros, no perdemos todas, porque sabemos, no solo lo deseamos, lo sabemos. Qué decir, como me dijo un amigo una vez, no hay que tenerle miedo a un juego que da revancha, porque de eso se trata, de un juego que da revancha, nada más y nada menos.
A su salud jugadores y cuerpo técnico.

martes, 11 de mayo de 2010

Nocturna vida

Cuando la oscuridad comienza a vencer todo lo bello del sol, somos nosotros los que empezamos a respirar un poco más fuerte.
Cuando la ciudad nos da un silencio bien dispuesto, somos nosotros los que escuchamos sus penas.
Cuando el reloj deja de importar, sin lugar donde ir o donde llegar, somos nosotros los que allí vamos.
Cuando la soledad se presenta tocando dulces melodías, somos nosotros los que la abrazamos y acompañamos.
Cuando la ciudad nos muestra sus sueños más oscuros, somos nosotros los que nos inspiramos.
Cuando los recuerdos de los días más esplendidos llegan sin invitación, somos nosotros los que los deseamos con nostalgias inauditas.
Cuando las luces ya no alumbran los caminos, somos nosotros los que empezamos a correr a tientas.
Cuando la oscuridad nos oculta la realidad de lo cotidiano, somos nosotros los que imaginamos lo increíble.
Cuando los murciélagos vuelan reclamando sus dominios, somos nosotros los que sumimos nuestros ánimos a su voluntad.
Cuando los limites se borran y el infinito se deja ver, somos nosotros los que nos damos cuenta lo lejos que estamos.
Todo cambia, todo empieza cuando la luz es medida en watts, es ahí cuando los despiertos con sus sueños de ojos abiertos comienzan a escupir en hojas todo lo que ya no les pertenece, todo lo que deben regalar. Y así, lo que para unos es castigo, para otros es goce, para nosotros solo es una forma de ver las cosas o un momento donde se dejan ver.

miércoles, 14 de abril de 2010

Cosas

Hay cosas que nos llevan a pensar cosas, cosas que sabemos, pero no queremos saber. Son cosas que ya estaban ahí, pero que no queremos ver, son ese tipo de cosas de las que huimos, no por miedo, es solo porque sabemos qué pasará una vez que aparezcan.
Es por eso la nostalgia, es por esas cosas que sabemos, todo pasa por ahí, es que estamos desnudos, al descubierto, siempre lo estuvimos, solo que entre esas cosas hay espejos, ahora vemos nuestros cuerpos, frágiles hasta de una brisa. Solos, los cuerpos.
Son solo cosas, dicen, que ya sabíamos, pero que ahora sabemos, ese es el problema. Es aquí donde los deseos se confunden, son opuestos y nos explotan en la cara provocando una sonrisa. Esa mueca en la cara, se nos burla, es irónica, es deseosa del futuro. Un futuro impaciente. Otra vez una ironía, tantos años esperándonos y la paciencia que no está, pareciera que el saber no es aprender, solo es saber.
Qué más, al fin solos, solo nuestros cuerpos en un cuarto lleno de esas cosas, las que no queremos saber, sin embargo, es la respuesta, es nuestra respuesta, al fin solos. La ansiedad disminuye muy de a poco, siempre gracias a esas cosas que sabemos, siempre culpa de esas cosas que sabemos. Lo inevitable, por algo lo es, no se evita y esa mueca empieza a tomar sentido, es que solo nos queda todo, nada más que todo. Ahora si, abramos la puerta para salir a jugar, que nuestros cuerpos están desnudos y afuera hace frío. Es mueca otra vez, aparece y nos pide transformarla, transformarnos. Mañana seremos risas, aun sabiendo de esas cosas, esas cosas que no queremos saber.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Homenaje asadil

Las juntadas son más cortas, los abrazos siguen largos
Los ausentes hacen mella, pero el recuerdo los trae
Sobre todo cuando los vasos se alzan.

Un asado que pide charlas entre amigos, al que jamás me voy a negar
Las anécdotas nos sobran, las de otros y las propias
Ese cuento del mamado que termina por ahí

Mucho pan y mucho vino, es la misa que se muda

La nostalgia se hace risa por la fuerza de las brasas
Mientras se consumen las horas sin molestar a los presentes
En sus dichos incoherentes

La belleza esta en la mesa, es el tiempo del silencio
Es la carne la que habla y el asador es quien dicta
Un aplauso suena fuerte, se agradece y otra vez

Mucho pan y mucho vino, es la misa que se muda

Sobremesa es lo que sigue, ya se notan los excesos
Las voces suenan más fuerte, son las ganas de contarnos
Y los vises de viejos cuentos siguen siendo festejados

Ahí se vienen las guitarras, se preparan los cantores
Tocan esa que sabemos, la que pedimos todos
Muchas voces exaltadas repasando estrofas viejas
Se repiten los aplausos, se agradece y otra vez

Mucho pan y mucho vino, es la misa que se muda

Se hace tarde y los vasos en el aire
Va por vos y por aquel, por mi club o el de cualquiera
Llegan otros ya comidos y un brindis los espera
Todos gritan por salud, nadie enfermo pareciera

La noche se va terminando, al menos eso parece
Es que la mesa se levanta y para algunos ya se hizo tarde
Es la hora de las promesas, que la pesca que algún viaje
Ahora vuelven los abrazos, se agradece y otra vez

Mucho pan y mucho vino, es la misa que se muda

domingo, 21 de marzo de 2010

El esplendor de una vida singular

Enterrada en las ruinas del castillo yacen las sobras de lo que otrora fuera el esplendor de una vida singular. En el camino al lugar solo se ven señales de lo hermoso y único de una vida singular. Sin temor de molestarme, me acerco al sepulcro y rezo una plegaria para que lo que otrora fuera el esplendor de una vida singular me salpique y haga que reaccione al simple hecho de poder respirar sin temer al sentir el aire llenar mis pulmones. Todo es más complejo, ya nada será igual, lo que otrora fuera el esplendor de una vida singular me ciega por completo y el camino empieza a empinarse, ¡oh, que hay de mi! Qué hay de mi, me pregunto una y otra vez. Sin embargo sigo, solo sigo, eso es lo que el esplendor de una vida singular dicta, nada más, seguir, por más que las ruinas sean grandes, mis pasos deben ser firmes. A medida que sorteo las ruinas, el camino se hace más y más incierto, todo por aquella singularidad que marcó el esplendor de aquella vida. Qué más da, soy un responsable camino a su destino, solo eso, sin saber si siquiera hay castigo o recompensa, ¡hay de mi!
El humo recorre mi cara oscureciendo mis ojos ciegos, ¡ah! El porvenir, ese humo, es todo lo que me queda, y ese mal, ese mal que por bien no venga, no, señor, ese bien no viene, ese bien genera mal, oh, no, eso no es tan simple, salvo, salvo que sea un sueño, pero lo sé, jamás soñé tal sueño hermoso y doloroso.
Todo lo dulce se hace amargo y el camino solo sube, más y más, ¡ah! Pero la subida no solo es más y más empinada, no, eso no basta, hay rosas, rosas con espinas, que demuestran la dulzura de lo que otrora fuera el esplendor de una vida singular. Y yo solo avanzo, como la singularidad de esa vida y el esplendor congeniado entre ambos marca. Subamos, subamos, que el mañana será la cima a la que llegaré o llegaremos, la cima, donde el esplendor bañará mi vida para hacerla singular

sábado, 12 de diciembre de 2009

Ahorcado

Comencé mi caminata hacia mi destino pensando en lo merecido que lo tenía, aun así rogué por un milagro, sin creer en los milagros, eso me quitó mis últimas esperanzas de que realmente ocurra.
Todos estos años, tanto vi, tanto hice, ya casi no recuerdo un momento en el que fui bueno.
Todos están expectantes, me miran al pasar, se que hay gente ansiosa por verme subir a su pequeño escenario de la muerte, quieren ver y sentir mi cuello romperse en mi momento más glorioso. El verdugo me acompaña, su sonrisa me hace dudar de que lado está, pero sus empujones lo confirman, él también está ansioso por cumplir su deber.
Nunca supe lo que es arrepentirse, tampoco creo que sea el momento de aprenderlo, así que solo camino, sin basilar a mi lugar, al lugar que me corresponde, lo sé, no es una novedad que todo termine aquí. En especial sabiendo donde todo comenzó.
En mi primera vez lo supe, ya no tendría vuelta atrás, no la hay para gente como yo, jamás sentí nada por mis victimas, no importaba el motivo por el cual debían morir, yo solo lo hacia y debo admitir que sentía cierto placer en ello, creo que es por eso que nunca dude, nunca, ni un instante, mi pulso jamás tembló.
Mis segundos desobedecen a su regla y se hacen eternos, los pasos, sin embargo, no me pesan, no más de lo que pesan mis cadenas, por fin estaré libre de ellas.
Inhalo, exhalo. Mi respiración no lo duda, soy quien camina a su verdad, mi corazón palpita fuete, yo también soy de los ansiosos, pero por distintos motivos, creo.
Son los últimos pasos antes de que me tapen la cabeza, miro al verdugo y veo en él al último ser vivo que veré y pienso en abrazarlo, pero solo lo pienso.
Es aquí donde comienza mi viaje, espero ver a mi creador y decirle que acepto, solo eso, acepto lo que me toca, no necesito saber por qué lo hice, eso ya lo sé, libre albedrío suelen llamarlo. Todas y cada una de mis decisiones fueron mías.
Extrañamente, con mi cabeza vendada, siento que el prime escalón se aproxima. Son mis últimos escalones, trato de sentirlos antes de que se acaben, la madera rechina suave y emite un sonido que siempre odié, salvo hoy. Hoy es casi una melodía, mis oídos están escuchando lo último que no nos odia, luego serán solo insultos y odio, tal vez arrojen algo, no lo sé.
El ultimo escalón, ya puedo sentir el sol del mediodía entrar por detrás de la cortina, es la entrada a las tablas que se llevaran mis pasos finales.
Pienso en la madera que otrora fuera un árbol en un bosque, eso me calma.
Luego del primer paso siento el vacío que hay debajo de esas tablas, la caída debe ser bastante alta.
Son tres pasos a la soga, sigo mi camino firme, la ignorancia de lo que vendrá alivia mi temor.
Mi verdugo me acomoda la soga al cuello, ya no siento nada, ni siquiera esa ansiedad, solo una áspera soga.
Me piden unas últimas palabras y yo solo digo: “Suerte y asegúrense de que no vuelva”

lunes, 15 de junio de 2009

Entrega III

III



Las mañanas pueden ser hermosas, por más frías que sean, con un poco de sol en la cara todo puede solucionarse y por eso salí caminando un rato antes de lo que demandaban mis obligacones. Con la idea de que mí bufanda pase a ser un exceso a las dos cuadras, partí lleno de grandes aires en búsqueda de mi destino, por el caso, un banco. Las colas en un banco pueden ser grandes estímulos para pensamientos desorbitados, lo es en mi caso. Pensando en eso pensé, necesito más luz en mi sueños, tal vez dormirme con una imagen cálida puede ayudar, dije.
La cena estuvo llena de colores y mis sábanas fueron cambiadas por unas de color, rojas, algo fuerte, influyente, esperaba. La somnolencia logró ganar y finalmente me dormí.
Recuerdo mí mano sujetando una rama larga y fina, pero resistente, creo que era lenga, un aroma fresco me rodeaba y la libertad de la inmensidad me invitaba a recorrer. Un aire frío me sacude desde la espalda y volteo a ver. La belleza del cause de un río de montaña me obnubila, son instantes que deseo profundamente. El agua moja mis pies descalzos y el frío se retira, la placidez de un paisaje como tal habla a las claras que mí plan esta funcionando, pero cómo, no me dejo llevar por mí sueño, soy conciente, no, no quiero eso para soñar. Quiero irme con la corriente, pero no me dejo y solo pienso, no debería pasar así. Del aroma solo el recuerdo, ya no siento el frío en la cara y el agua no me moja los pies, por qué, lo arruiné todo. No todo está perdido, mientras trato de abrir mis ojos, voy pensando. La oscuridad del cuarto me invita a retomar el descanso, pero cierta bronca por arruinarme no me deja hacerlo. Solo pienso a oscuras, sin moverme, es el silencio el que me aconseja a pensar. Aun así, tengo un secreto para evadirme, el recuerdo, si, ese río y su fresca sensación, los aromas de una mañana en la montaña, logro percibirlos en la punta de mi nariz, ja, parece ser suficiente y el silencio comienza cambiar por el sonido del agua chocando en las piedras ya redondas de tanto roce. Ya no pienso en pensar, solo camino por un nuevo río, la tentación de tanta frescura me incita a tirarme sin miramientos a nadar en lo profundo de un, ahora, gran río, ya sé, el agua es gélida, pero no se preocupen, es un sueño. Flotando llego a la grandeza del mar y soy una cáscara de nuez perdida entre la inmensidad y el horizonte. Azul profundo es el color de todo lo que veo, jamás imaginé encontrarme en tal escenario, mucho menos disfrutarlo como lo estaba haciendo. El tamaño de mi sonrisa es tal que creo que no entraría en cuadro si fuera una película. Subo por popa al velero y comienzo a navegar por un estrecho que deja pasar solo unos rayos de sol que generan una imagen familiar en una de las laderas. No logro descubrir qué es la imagen, eso debería preocuparme, no lo siento así. Una gran ola choca con el barco y me arroja nuevamente al mar, ya no deseo estar en el ahí, siento el frío del agua aproximarse, una vez más, son eternos los instantes. Otra vez, esa luz potente me aturde y abro los ojos en medio de la oscuridad, enroscado en las sábanas. Respiro lentamente está vez, debo mejorar mis finales, pienso y me tapo del frío de mi cuarto.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Entrega dos (prox entrega tres)

II

Caminando me encontré, tras un buen desayuno, ah! El sueño era eso, solo un sueño. Todo lo experimentado pareció tan real que aun podía sentir el dolor en el pecho y las preguntas que no podía dejar de pensar ¿qué haría si pasa algo así? ¿Cómo sobrellevar una noticia de ese tipo? Los recuerdos me ayudaron a responder. Siempre recuerdo sensaciones de grandes momentos, malos y buenos. Recuerdo el día después de una perdida. Uno empieza dejar esa imagen del fin del mundo para comenzar a tomar aire una vez más, eso es, una vez más, nos levantamos y respiramos una vez más, lo inevitable ya no pudo ser evitado, qué más queda que avanzar, la sensación es de que ya está, ya pasó, extrañar es lo que queda de todas las cosas que se cruzan en esos momentos, pero no más que eso.
Y así seguí mi camino a un día más, como casi cualquier otro. Y en el medio todo pasó, todo lo que esperaba y todo lo que no esperaba. El tiempo jamás se detuvo por nadie, por qué iría a hacerlo por mí. Esa es la suerte que tenemos, el tiempo nunca para y eso es la enseñanza del día.
A medida que el día llegaba a su fin, volvieron los temores, los sueños pueden darnos una mala pasada, pero también una gran alegría, y así fue que me fui a dormir con ansias de soñar algo excelente. No antes de pensar mí próximo día, llegué a la cama. Pero antes de eso, la cena, ahora con todos los sabores a flor de piel, casi al extremo, como para darme la última buena noticia del día, disfrutar de una buena comida, eso fue fundamental para dormir con la sonrisa enmarcada por mi cara. Todos deberíamos cenar algo que nos satisfaga el apetito por los sabores, para empezar todos deberían poder comer algo todos los días, pero sabemos como funciona esto.
Logro entrar en las profundidades de las sábanas y me acomodo para lograr que el calor llene la cama, pero no tan rápido, el fresco de la cama también se disfruta.
Abro los ojos en un auto que jamás manejé, de hecho no manejo en la vida real, pero lo estaba haciendo y bastante bien, pues era una competencia, he iba peleando la punta.
De repente todo se va fuera de control, el auto comienza a girar, el volante ya no está en mí poder, es alguien más el que conduce, creo saber que esta persona puede recobrar el control, pero algo me dice que me agarre fuerte y ese algo no se equivoca. El volante ya no está en control de nadie y gira a placer de la derrapada. Muros que aparecen de la nada se acercan peligrosamente, lo inevitable es, una vez más, inevitable y siento el crujir de mis dientes apretados, creyendo que eso va a solucionar algo o que va a lograr que el golpe sea menor. De repente una vuelta, otra vuelta, otra vuelta, siento eternos los instantes y por primera vez creo ver al tiempo parar, si! Lo logré, he visto al tiempo parar! Pero solo es por lo inminente. De repente todo blanco, abro los ojos, desesperado por saber de mi suerte y una vez más el sueño fue mi engaño más perfecto, la agitación dura unos minutos y me pregunto si logré disfrutar de un gran accidente sin consecuencias, pero mi agitación me dice algo distinto a mi parecer, sin embargo sonrío y vuelvo a taparme, el cuarto está frío y mañana me espera un gran día.

Entrega uno

I

Cuando me dijiste lo que sabias solo pude ver de qué lado me encontraba y no fue tan claro.
Sentado en ese bar, sabiendo la verdad, nunca fue más atemorizante la expresión de un rostro.
Todo cobra otro sentido ahora que lo sé. Bien, así son las cosas dije y tome todas mis fuerzas para levantarme de la silla e irme del lugar. El camino a casa fue muy largo, el cielo parecía caerse sobre mi cabeza y mis pies pesaban mucho más de lo normal.
Al llegar a la puerta de mi casa, no supe si entrar o quedarme ahí por siempre, esa duda la mantuve por unos interminables segundos. Entré devastado por las novedades. Sin duda ese fue el peor momento que alguien haya vivido jamás, aun así logré llegar a la heladera y tomar una fruta con la esperanza de que esta lo pudiera cambiar todo, nada ocurrió.
La ilusión del no saber algo es placida, la escusa es perfecta, no lo sé, con eso basta, hasta el momento en que la verdad choca con la realidad y no hay otra que aceptarla.
El camino fácil ahora es una gran pendiente con rocas afiladas por todos lados y la vida es subir sin importar lo que cueste. Bueno señores, pensé, yo me bajo aquí, no voy a escalar más, el camino parece imposible. Lo ya recorrido parece cada vez menos y el suelo está cada vez más cerca, pero cómo, ¿lo avanzado ya no cuenta? Al parecer las reglas de este juego son esas, una piña bien puesta y retrocede mil casilleros, sin antes tomar una sola precaución, porque los precavidos no suben mucho, solo los osados son los que llegan lejos.
La fruta supo a cal, pero la terminé. Los sabores y los olores ahora son recuerdos melancólicos de una vida pasada que no termina de pasar.
Caminé por la habitación tratando de evitar desplomarme en la cama, pero duré unos segundos y ahí caí, con la intención de no levantarme. Logré dormirme después de un rato, creo que fueron dos o tres horas, no sé, parecía obstinado a no dejarme vencer por el agotamiento de una noticia así.
Un día ha pasado ya, el sol del mediodía me obliga a subir las persianas y mirar hacia el cielo, logré hacerlo sin pensar mucho en ello. El cielo y el sol han sido siempre buenos refugios del suelo que resiste mis pisadas. Es una buena sensación, me aferro a ella. Por un instante volví a mi libertad.
El almuerzo es un tramite engorroso hoy, pero el cuerpo lo demanda y aun le respondo. Los sabores siguen atrofiados en mis papilas gustativas, pero, creo que la comida estaba rica. Una vez más doy vueltas para no caer, está vez en el sillón, pero no me resisto.
El agotamiento es imperceptible y el sueño no llega, extrañamente me siento descansado. No me permito dormir, tus palabras se repiten en el aire una y otra vez, sigo sin decidir qué hacer. Al fin, una somnolencia logra invadirme, trato de evitarla con un movimiento brusco y caigo del sillón a lo que creía un piso frío y duro.
Abro los ojos y el piso no estaba, solo mí calida cama y las cobijas dándome calor en un gris invierno. Me sobresalto y trato de abrir más mis ojos para darme cuenta que había sido engañado por un sueño maldito, nadie había muerto, nadie me había dejado, el mundo no iba a terminar, por ahora. Con una gran sonrisa salté de la cama en búsqueda del sol, mi fiel amigo, y ahí estaba invitándome a salir a ver que hay.

sábado, 7 de marzo de 2009

De obsesiones

Hay cosas que vienen con uno y otras que se van adquiriendo en el camino, pero creo que las más peligrosas, por así decirlo, son aquellas que se van incrementando, sobre todo por el poder que tienen de pasar desapercibidas.
Mis obsesiones, y he aquí una paradoja, vienen siendo una obsesión para mi, sobre todo en este ultimo año. Todos debemos tener alguna que otra obsesión, espero. En mi caso he logrado darme cuenta de muchas, de una cantidad de “costumbres muy apegadas” que tal vez, tal vez, sea un poco mayor a la del promedio.
Bien, definamos estas “costumbres muy apegadas” y diferenciémoslas de los caprichos por oposición. Por ejemplo, normalmente, un capricho se da porque el sujeto “Y” desea algo y solo desea ese algo, generalmente, el capricho está sujeto a una inmediatez de satisfacción y participación de terceros, quienes en un alto porcentaje, no desean participar, veamos: nuestro sujeto “Y” quiere un helado de un sabor determinado, pues en el momento en el que se le comunica que no hay más de este sabor, el sujeto “Y” comienza con su cambio de humor, que lo puede llevar a generar un malestar en propios y ajenos, alegando que solo desea ese sabor en particular y que en el mejor de los casos, desistirá de disfrutar de un helado, dado su particular apetencia de sabor, pongamos por caso, helado de dátiles árabes con algún alcohol de los Balcanes.
Bien, en el caso de las obsesiones, me veo forzado a separar distintas circunstancias o momentos de estas pequeñas cuestiones para poder así lograr una comparación más cercana con los caprichos.
Digamos que el sujeto “X” no le gusta dejar el volumen del televisor en número impar. El sujeto “X” va a intentar calmar sus ansias dejando el volumen en un número par, lo que no modifica la vida de terceros, salvo que estos tengan la misma obsesión, pero a la inversa, con números pares. He aquí la primera diferencia, las obsesiones, no solo no suelen necesitar la asistencia de terceros, sino que rara vez son confesas, salvo algunas evidentes, por lo que el fastidio a los terceros no es un tema recurrente en este caso. Por otro lado, si hablamos de fastidio, la no satisfacción de la obsesión puede o no provocar un cambio de humor, en casos donde la “costumbre fuertemente afianzada” está muy afianzada lo más probable es que existan cambios de humor, aun así esto no sucede siempre, a diferencia de un capricho no satisfecho. Hay también, ocasiones en donde los terceros actúan involuntariamente en la obsesión ajena, lo que es otra diferencia que los caprichos, donde la participación de terceros que en la mayoría de los casos se da por influencia directa del sujeto, en nuestro caso “Y”, a diferencia de “X” que no molesta a nadie pidiendo cosas insólitas y fuera de horario. Por ejemplo, si el sujeto “X” corta el tomate de una forma particular y repetitiva, es decir siempre de la misma forma, cuando un tercero, “Z”, corta el tomate en forma desprolija y al azar, sin un orden establecido, el tercero “Z” estaría indirectamente interfiriendo en la obsesión del sujeto “X” con dos resultados posibles, uno que el tercero “Z” comience a cortar el tomate tal cual la “costumbre muy apegada” del sujeto “X” le dicta o puede ver que tan profunda es esa obsesión y ver que tipo de cambio de humor puede generar, en el caso que el sujeto “X” plantee una queja con respecto del corte de los tomates. A su vez, la mayoría de las “costumbres fuertemente afianzadas” son de consecución unipersonal, digamos que son acciones que solo las llevan acabo los sujetos “X”, como por ejemplo el no pisar o pisar de determinada forma las líneas de las baldosas de las veredas, donde a diferencia de los números impares en el volumen de la televisión o el corte del tomate, donde otro puede tener el control remoto o estar cortando el tomate, en la calle el que va saltando para no caer en las peligrosas líneas que separan una baldosa de otra es el sujeto “X”.
Para finalizar, cabe una reflexión: las obsesiones las padecen los sujetos “X”, los caprichos, los terceros “Z”
Espero que esta reseña sea tan aclaradora como su intención. Otro día les cuento mis obsesiones.

domingo, 1 de marzo de 2009

Todo a su debido tiempo.

La velocidad de una mula cargada en medio de una montaña es proporcional a los días de doloroso regocijo en un postoperatorio, para el caso, ligamentos cruzados.
Regocijo, por la decisión tomada, la correcta. Doloroso, porque así lo requiere.
He llegado al mes, ese periodo de tiempo que creen una simple sucesión de días, treinta o treintiuno, según el caso. Pero no todo es simple, sobre todo cuando la paciencia es la joya más preciada.
Caminar no es un hecho más, es algo por lo que tengo que esperar y tuve que pagar, sin remordimientos, aun hoy necesito una ayuda para lograrlo. Lo cotidiano no es lo que parece en estos momentos, levantarse de la cama fue muy doloroso y no es una metáfora, lo considero un logro. Hoy va más fácil, pero costó.
Los primeros días de dolores intensos parecen haber quedado lejos, por suerte, ya puedo hacer muchas cosas, de esas bien simples y que uno no presta atención, por ejemplo no sentarme en el inodoro con la pierna estirada, lo que hace la faena un tanto más incomoda, traten y verán. Ya puedo caminar un par de cuadras, todavía con una muleta, pero tengo mucho más movimiento que en el encierro de los primeros días. La cama es para ir a dormir, no para estar casi todo el día, eso es un gran avance, estar unos días en cama yendo solo al baño es muy tedioso y paradójicamente cansador, pero ya pasó.
Creo que lo que más rescato de este primer mes es mi humor, no creo haber sido el enfermo mala onda, es más, estoy convencido de que tuve muy buen humor, a pesa de los fastidios del caso. De la operación en si, que decir, las drogas, cuando quieren, son buenas, muy buenas, tal es así que no recuerdo nada de lo que pasó en el quirófano. Probablemente con algunas sesiones de hipnosis logre recordar algo, pero con qué sentido, dejemos eso en el subconsciente o por ahí.
Y así estamos en la senda de la larga, larga, larga vuelta de un crack a las canchas, en enero o un poco antes tal vez.
Por ultimo un consejo, si se rompen algo, soluciónenlo cuanto antes, no tarden catorce años como yo, se van a perder de muchas cosas solo por el hecho de tener una escusa.